La mirada a través de la que vivimos

13 November 19

Posted at 2:02

Ya no pienso en lo que debería ser o en lo que debería hacer más, ni me esfuerzo en ser lo que no soy o en hacer aquello que debería hacer más. Observo, acepto y doy lo mejor de mí, sin castigarme, mientras disfruto de todo aquello que amo ser, hacer y quiero hacer más.

 

 

Al aceptarme puedo presentarme a los demás como soy, sin miedo a ser juzgada, porque el miedo a ser juzgados está estrechamente relacionado con nuestros propios juicios sobre nosotros mismos y sobre otros. Dicho esto me permito decir sin sentirme culpable ni poco válida que la cantidad de libros que he leído y que tengo a medias se pueden contar fácilmente. Y me siento liberada, porque cuando lo admití por primera vez fue a una amiga escritora que en lugar de juzgarme me explicó que soy una persona visual y que entiendo el mundo a través de imágenes. Es por esto que, en cambio, puedo decir que las veces que he apreciado los rayos del sol colándose entre las hojas de los árboles creando pequeños destellos, la luz dorada del atardecer bañando la fachada de un edificio, el movimiento de un tren cruzando el horizonte, el color magenta en las nubes o los reflejos atrapados en una gota de agua, son incontables.

 

Aún así, en mi corta experiencia como lectora tuve la fortuna de cruzarme con un libro, que más que un libro es una ventana, llamado La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera. Uno de los tesoros que contiene este libro entre sus páginas trata sobre la mirada. Kundera nos cuenta cómo todos necesitamos que alguien nos mire, y para explicarlo divide las miradas en cuatro categorías. Cada categoría se basa en el tipo de mirada bajo la cual queremos vivir: la mirada anónima del público, la mirada de muchas personas conocidas, la mirada de la persona amada y la mirada imaginaria de personas ausentes que soñamos dirijan su mirada hacia nosotros. 

 

 

Sea cual sea la categoría bajo la que uno se sienta identificado, parece inevitable aceptar que es así, que el motor que nos mueve es una mirada que nos incita a hacer cosas maravillosas pero que también nos limita y atrapa. Y dice Kundera que en el peligroso caso de que esos ojos que nos miran se cerrasen se apagaría la luz... Y, en ese caso, me pregunto qué quedaría. Yo creo que libertad. Porque cuando menos nos importan las miradas más auténticos somos.

 

Personalmente siento que siempre he vivido bajo miradas de las cuatro categorías, de las tres primeras espero constantemente que me digan que lo estoy haciendo bien y me aprueben para sentirme válida. En cambio, de la cuarta, la más preciada según Kundera, recibo inspiración. Sueño con la mirada de personas a las que admiro, de mi yo más perfecto y hasta de la creación misma. Y estas miradas me hacen hacer cosas increíbles que solo los soñadores pueden llegar a hacer, porque esta última mirada no juzga, sino que saca lo mejor de cada uno de nosotros en nuestro anhelo por ser parte de lo eterno e inexplicable y por hacer que vivir merezca la pena.

 

 

Cuando vivimos a través de la cuarta categoría nos damos cuenta de que podemos bailar desnudos en la orilla del mar, porque nadie nos está mirando. Nos damos cuenta que podemos enseñar lo que creamos, porque no lo hacemos esperando un premio. Nos damos cuenta de que podemos enseñarnos como somos, porque nadie nos está juzgando. Podemos reír con al boca abierta, vestir raro, expresar lo que sentimos, llorar con cara fea, abrazar a un desconocido, amar con todo, porque a los demás no les importa y a nosotros solo nos importa algo más grande que nosotros mismos. Y nos dejamos fluir y ser y hacer aquello que amamos.

 

Es entonces cuando dejamos de perdernos la vida. Y es solo entonces cuando podemos decirnos a nosotros mismos: "Voy a hacer de esta vida, que antes era un boceto de lo que podría haber sido, una auténtica obra de arte".